¿Es Chávez o es Obama?

Pato Navia hace un interesante análisis del fenómeno que ha representado Marco Enríquez-Ominami. Publicado en Revista Poder.

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Fotos Daniel Corvillon

La irrupción de Marco Enríquez-Ominami en la arena presidencial es sorpresiva sólo respecto del personaje. Hace rato que nuestro sistema político muestra síntomas de agotamiento, poca renovación y desconexión con las realidades de la gente. En un país donde la desigualdad es una condición tan permanente que muchos en la elite parecieran ya no prestarle atención, el electorado es terreno fértil para aventuras populistas. Hasta ahora, el fenómeno de Marquito es mucho más una advertencia que una amenaza para el sistema político. Ni el joven diputado es lo suficientemente fuerte para desafiar a una clase política atada y bien atada al poder, ni sus postulados son lo suficientemente desarrollados como para ser acusado de populista. Hasta ahora, Enríquez-Ominami es sólo el síntoma de la enfermedad de populismo que Chile parece encaminado a padecer. Felizmente, tanto la clase política tradicional como el propio Enríquez-Ominami pueden contribuir a evitar que nos encaminemos por el sendero de los movimientos antisistema del tipo “que se vayan todos”. Mientras la Alianza y la Concertación deben abrirse a la meritocracia y la competencia, Enríquez-Ominami debe resistir a la tentación de ser un Chávez chileno y, aunque tome más tiempo, tiene que empeñarse en ser un líder positivo e incluyente, que señale al Chile del Bicentenario un mejor camino para el desarrollo.
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