Los ciudadanos por acá, la política por allá

La Segunda, miércoles 24 de octubre. (ver aquí)

El bacheletismo aliancista propuesto por Joaquín Lavín, más allá de las estrategias de posicionamiento que su autor pudiera pretender, revela un asunto importante y delicado. A mi juicio, Lavín no se refiere a una concordancia de principios ni de valores comunes con la Presidenta, sino que le entrega su apoyo decidido sólo en consideración a su cargo y rango. Lo más inquietante es que esta expresión —y de ahí el interés por interpretarla correctamente— es bastante lógica, dada nuestra actual realidad: escasa participación ciudadana y donde el único contralor de la política es la figura presidencial. Esto se debe a nuestro diseño institucional, heredado de la dictadura y producto de los preceptos del gremialismo —principalmente la subsidiariedad— que han llevado a la disociación completa entre la política y los ciudadanos.

Chile requiere de partidos políticos fuertes, pero vivimos los chilenos una crisis de representación producto de que se nos ha enseñado e impuesto, desde la Carta Fundamental, la imposibilidad de participar en política fuera de las estructuras tradicionales. Las barreras de entrada a la participación pasan por desconocer la labor política que realizan los ciudadanos diariamente; en sus trabajos, fundaciones y otros. Por lo tanto, nos hemos acostumbrado a ver la acción política —y al político— como una actividad lejana y ajena a la vida cotidiana, relegada a partidos que carecen de representatividad y originalidad en sus planteamientos. El desafío, entonces, no pasa porque los partidos aumenten sus bases de militantes, sino porque hagan un total rediseño que integre y reposicione la política como una actividad cotidiana, realizada por ciudadanos comunes y corrientes. Llamarse independiente hoy en día es bastante atrevido, incluso ofensivo para algunos. Sin embargo, la pretensión es simple: abrir estos espacios de participación y acercar el ejercicio de la política y la influencia en el poder público a toda la ciudadanía, sin más barreras de entrada que la comunión de principios y anhelos. Mientras mantengamos un sistema electoral tan perverso como el binominal y una regulación a los partidos tan rígida, la distancia entre la ciudadanía y los políticos se seguirá acrecentando. En definitiva, todo pasa por asumir que la subsidiariedad —entendida al modo gremialista— no es un fin en sí misma, sino en cuanto aporta a la construcción de un Chile más representativo y democrático.

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  • Kenneth Bunker S. says:

    Cierto. La gente ve distante a los partidos políticos y más aun a la figura política. Pero antes recordemos porque necesitamos que los partidos sean cercanos a la gente. Esto es porque nuestra sociedad democrática exige la inclusión de las minorías y entiende a la participación como un factor donde mas es mejor. Ahora, tal como planteas, nuestro sistema electoral y por ende político, es una herencia del gobierno militar, el cual distorsiona preferencias y excluye opiniones, votos, minorías e incluso importantes grupos. El problema radica en eso. Por lo que no solamente es necesario reformar la forma en que piensan los partidos (siendo esto condición pero no solución) sino que reformar el sistema político, lo cual significa partir por la base: MODIFICACION AL SISTEMA ELECTORAL. Y bueno, claramente existe un tercer problema, el enclave cultural. Pero lamentablemente este es uno que no cambia fácil y aun estar en proceso largo tiempo después de que cambiemos nuestro sistema de elecciones.
    Saludos.

  • Paco Caballero says:

    Hola mi buen amigo, como sabes hace ya casi un año que no vivo en Chile y obviamente porque no estoy en Chile, estoy acá, en otro país y otra ciudad, distinta, muy distinta, y no tanto por la ciudad misma, sino por la gente y su idiosincrasia. Me refiero a los argentinos, más específicamente Bonaerenses con quienes me ha tocado compartir mis últimos meses. Más allá de hacer una comparación, quisiera contarte las fuertes contradicciones a las que me ha llevado vivir en esta sociedad tan diferente a la nuestra, sobre todo en materia política y social. Me impresiona ver a diario manifestaciones populares de distintos partidos políticos (hay muchos) y asociaciones políticas o sociales, marchas, actos en plazas públicas, proclamas, en verdad mucha manifestación de la población y creo que lo que más me impresiona de esto es ver a la policía, que lejos de ejercer algún tipo de opresión, colabora con el buen desarrollo, de las manifestaciones. Bastante distinto…
    Otra cosa es que la gente está mucho más involucrada con los temas políticos, todos tienen algún tipo de opinión, a favor o contraria a cualquier tema, la mayoría de la gente, jóvenes y sobre todo los viejos, está informada y participa en alguna clase de organización social o política. Otra cosa es que el voto es obligatorio, y el servicio militar no. Bueno, en verdad no sé muy bien ahora para donde iba con todo esto, pero al leer tu articulo me acorde de estas y muchas otras cosas en las que me fijo, por el hecho de venir de Stgo, a veces pienso porqué no somos un poco más participativos, más luchadores con nuestros derechos, creo que cada país tiene la política que se merece y si queremos algo mejor, vamos a tener que hacerlo y ganárnoslo.
    (no es que piense que los argentinos la llevan, de hecho a veces me parece un chiste, pero por al menos, se desahogan y con eso parecen más felices, como que sienten que son parte del todo)

    Bueno nada más,te mando un abrazo,
    paz.

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