23.Apr.2008 at 23 | jsajuria
Yo marché contra el fallo del TC, ¿y qué?
Una de las cosas más impactantes que me pasaron marchando junto a miles de otras personas por la Alameda fue ver como distintas posturas confluían en algo básico: el derecho a decidir. Sin duda esto es lo más importante de lo ocurrido hoy. Soy católico, y eso podría sorprender pues mi postura “lógica” debiera ser la de defender a ultranza la decisión del TC. Bueno, en ese sentido creo que la decisión del TC no es algo para alegrarse, sino más bien motivo de preocupación.
En primer lugar, creo que la discusión no se basa en un tema científico, ni siquiera en uno religioso o filosófico. Creo que el tema es netamente jurídico, cuando no político. Vivimos en un país laico y democrático, como tal, hay ciertas normas del juego que deben cumplirse para poder funcionar.
La primera regla es que somos todos iguales ante la ley y, en ese sentido, todos tenemos el derecho de tomar nuestras propias opciones, sin discriminaciones. Analicemos el siguiente ejemplo (le agradezco a mi amiga Rocío por esto). Una persona de religión hindú cree abiertamente en la reencarnación, por tanto, una de las razones por las cuales no come carne de vaca es por la profunda convicción de que ahí hay un alma comparable con la de una persona. Si se come una vaca o, peor aún, si la mata, lo que estaría haciendo es comerse o matar una persona. Si bien creo que el hindú está en un error en su creencia, no es rol del Estado imponerle mi visión por sobre la suya. Asimismo, si yo como católico estoy convencido del efecto abortivo de la famosa píldora del día después (que de hecho no estoy convencido de este efecto, sino más bien del contrario), no por eso debiera imponerle a otros mi opinión. Pero como dije que esto no era científico ni religioso, pasemos a la siguiente consideración.
En segundo lugar, hay que tomar en cuenta que la pregunta hay que definirla entre aquellas disciplinas orientadas a definir las causas primeras y aquellas que buscan las causas segundas. La filosofía o la religión (teología de por medio) buscan estudiar las causas primeras del universo, es decir, aquellas que no son susceptibles de demostración empírica, sino más bien racional y/o dogmática. En cambio, la ciencia busca las causas segundas. En ese sentido, tanto la certeza de la existencia de un alma equivalente a la humana en una vaca, como la certeza de que el milagro de la vida ocurre en la fecundación del óvulo no vienen desde la ciencia, sino desde la religión o la filosofía. Por lo tanto, así como no vamos a imponer que se deje de comer carne de vaca, no vamos a impedir que aquellos que quieran usar la píldora la usen.
En tercer lugar, al vivir en democracia, hay ciertas preguntas que deben responderse por la vía democrática. Una decisión como la tomada por el TC no obedece a esta lógica. Un órgano cuyo objetivo es ser el perro guardián de la Constitución (que creen que se trata de un mandamiento escrito en piedra, inalterable), cuyos miembros no obedecen a ninguna lógica democrática, no representa el sentir de la población ni mucho menos tiene sentido en un régimen laico y democrático como el que propugnamos. No se dio la adecuada discusión a nivel público - recién después de este fallo se ha dado el suficiente diálogo - y no fue un tema tratado en el Parlamento. Estas son las vías por la cual la democracia se manifiesta y, a mi parecer, el TC pasó por alto estos hechos. En defensa del Tribunal, hay que recordar que su función es jurídica, no política. No obstante ello, uno de sus miembros ha sido abierto en dejar de lado sus convicciones por seguir ciegamente las de la Iglesia (democrático, ¿no?).
En cuarto lugar hay un tema que no es posible determinar y que es un lastre que venimos arrastrando desde la falta de definición de la comisión redactora de la Constitución. Este tema es hasta donde estamos dispuestos a proteger la “vida del que está por nacer”. O dicho de otra forma, desde cuando hay vida. Como esta es una definición en la cual la ciencia, observador objetivo, no tiene la última palabra, tenemos que preguntarle a la filosofía o la teología por si la tienen. Pero si hacemos eso volvemos al problema inicial ¿tenemos la potestad de imponer una visión filosófica, religiosa o ideológica por sobre otra?. En un país con un sistema político como el nuestro, esto no tiene cabida.
Más allá de las posturas personales (yo soy católico, creo en la vida desde la concepción y me inclino por creer que la píldora del día después no es abortiva), lo más importante es establecer hasta donde podemos extender el poder del Estado en nuestras vidas. Como buen liberal no creo en las panaceas socialistas - o “progresistas”- en las cuales el Estado es la solución de los problemas, es más, creo que los problemas del país los soluciona su ciudadanía organizada. Así, la iniciativa privada, y no la estatal, es la llamada a definir temas íntimos como éste. Deben ser las personas, con su inteligencia y discernimiento, quienes definan si quieren tomar o no la pastilla.
La magia de vivir en democracia es que puedan ocurrir eventos como los de hoy. Un grupo se manifiesta de una cierta manera a mediodía y el resto lo hace en la tarde, sin descalificaciones ni odiosidades (salvo excepciones, por cierto). Todo esto implica que las opciones que tomamos deben ir por esa línea: proteger el derecho de las personas a elegir cómo vivir su sexualidad.
La autodeterminación reproductiva, elevada a la categoría de Derecho Humano por el tratado CEDAW, firmado y ratificado por Chile, implica que una mujer pueda elegir cuándo, cómo y en qué condiciones desea tener un hijo. Esto no es incompa
tible con una concepción católica, sino más bien les da la libertad de tener todos aquellos hijos que Dios les mande, si es lo que quieren. Así como debiéramos condenar al Estado Chino por prohibir el nacimiento de más un hijo por familia, debiéramos condenar que nuestra Estado prohiba el decidir el momento del embarazo.
tible con una concepción católica, sino más bien les da la libertad de tener todos aquellos hijos que Dios les mande, si es lo que quieren. Así como debiéramos condenar al Estado Chino por prohibir el nacimiento de más un hijo por familia, debiéramos condenar que nuestra Estado prohiba el decidir el momento del embarazo.
La suerte está echada y sólo queda esperar a ver cómo la ciudadanía se sigue manifestando y reclamando por un concepto básico: la Libertad. Ojalá podamos seguir adelante y obtener un buen resultado.

















muy atinado el comentario, yo creo q representa a una gran cantidad de catolicos que creemos que nuestra iglesia y las fracciones mas conservadoras de esta sociedad, no pueden imponer normas a la nacion completa.
Despues se preguntan con cara de pena porque no va gente a misa…
saludos y visita mi blog