La Solidaridad no se vende.


Algo está pasando en el mundo de las fundaciones y ONG’s que se dedican a la superación de la pobreza. Desde las diversas Gerencias de Responsabilidad Corporativa o Social de muchas empresas miran con buenos ojos realizar acciones de mera filantropía entregando dinero a estos organismos. El sentido propio de la Responsabilidad Social se corroe desde el momento en que no se asume como un desafío integral de la empresa, sino que como una estrategia de marketing y, en algunos casos, de limpieza de imagen.

Estas ONG’s, con escuálidas arcas, abren deseosas sus puertas a estos fondos sin preguntar de donde vienen ni por qué. Simplemente deciden que su misión es tan importante que están dispuestas a alcanzar un fin a través de cualquier medio. Desde hace años que en Chile la solidaridad parece venderse. Desde una Teletón que acepta dinero de empresas como Líder, conocida por sus malas prácticas laborales, hasta Fundaciones como America Solidaria (por quienes tengo el mayor respeto) que recientemente han aceptado ser patrocinados por la polémica minera Barrick.

Alguien me podría decir que el sistema es así o que la superación de la pobreza es notoriamente más importante que proteger un glaciar en medio del desierto. Pero claramente esa es la mentalidad que el enfoque de Responsabilidad Social pretende romper. No quiero sonar alarmista, pero en un mundo donde el combustible se vuelve un bien escaso, donde los alimentos suben de precio constantemente y donde el Calentamiento Global ya no es una paranoia de pocos, parece poco razonable que pensemos en un desarrollo sostenible como una tema de segundo orden.

No es factible mantener una mirada cartesiana sobre el problema. No podemos pensar que la superación de la pobreza o el fin de la exclusión son indiferentes a mantener un mundo más equilibrado en sus recursos y necesidades. Así como la relación entre desarrollo económico y medio ambiente se encuentran en una constante tensión, asimismo se encuentra el tema de la obtención de recursos por parte de las organizaciones sin fines de lucro. Por más loable que sea la causa, es irresponsable iniciar semejante aventura sin el desafío de hacer un aporte integral a la sociedad. Una organización, cualquiera que ésta sea, debe hacerse cargo de su entorno, de sus trabajadores, de sus beneficiarios y, en la misma medida, del país y sociedad en que se encuentra.

No hay tal cosa como un almuerzo gratis, así reza el ya conocido dicho de los economistas. Hoy eso se refleja en que algunos pretenden “comprar el cielo” pagando con algunas mediaguas o manteniendo un voluntario para exculpar sus pecados.

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