27.Dec.2008 at 27 | jsajuria
La incontinencia verborreíca de Vidal
Creo que no vale la pena analizar lo errado, odioso y falto de altura de miras del comentario del ministro, mal que mal, él es más conocido por sus errores mediáticos que por la aprobación de su gestión . Vidal es el símbolo de los hombres de ayer, aquellos que no pretenden dar por superadas las diferencias en nuestro país, sino que buscan mantenerlas todo el tiempo que sea posible, que les es imposible pensar que lo que nos une como país es mucho más que lo que nos separa. En tiempos como los actuales, donde todos los posibles candidatos presidenciales son personas que llevan más de 20 años en el ruedo político, se hace más urgente que nunca que miremos a aquellos capaces de superar el pasado, pero no con olvido ni desdén, sino con responsabilidad y aprendizaje.
Somos millones los jóvenes que hemos crecido (y la mayoría nacido) en democracia. Nuestra vida no ha estado marcada por las violaciones a los Derechos Humanos ni por las odiosidades que llevaron a los aciagos años de dictadura. No obstante, somos capaces de entender la rabia y la frustración de miles ante lo ocurrido. Lo que nunca vamos a poder aceptar es que por lo que ocurrió hace más de 20 años se siga amarrando a Chile a revivir indefinidamente sus odiosidades. Si no alzamos la voz en contra de aquellos que pretenden que vivamos el invierno de los 80, entonces seguiremos teniendo ministros y autoridades como Vidal, que no dudan en descalificar al adversario político en vez de gobernar para todos los chilenos. Afortunadamente, estas declaraciones se entienden cada día más como la falta de tino del que las dice en vez de la versión oficial de un Gobierno al cual él cada vez representa menos.
Si alguna vez Chile va a superar las diferencias del pasado, va a pasar cuando seamos capaces de cambiar no sólo las ideas, sino que las personas y los estilos. Si los mismos hombres de ayer nos siguen gobernando, si los mismos temas de ayer son los que vemos en el diario y si el mismo estilo odioso sigue siendo el que reina en las declaraciones oficiales, Chile no será capaz de enfrentar sus nuevo centenario de vida con un mensaje optimista. Es hora de la renovación de la política, de cambiar caras, contenidos y estilos, para que no tengamos que seguir sufriendo los lapsus de incontinencia verborreíca del ministro de turno.
*La foto es de www.latercera.com

















Yo creo que uno no puede dejar de estar en desacuerdo con el tono y la intención de las palabras de Vidal.
La Concertación en buena medida se alimenta de la dicotomía Allende-Pinochet para continuar siendo vigente en términos políticos y electorales. Pero eso lo hace sólo gracias a la Alianza. El pensar que la Concerta deje de usar los DD.HH. como arma es equivalente a pensar que en política existen los regalos al contrario.
La Alianza es la única a la cual uno debe acudir a la hora de encontrar los culpables de la permanencia del tema de los DD.HH. en la política nacional. Primero, por su permanente negativa a renovar el padrón electoral. Segundo, por la negativa a modificar el sistema electoral chileno. Tercero, por no haber hecho jamás una contricción institucional sobre lo ocurrido, dejando así el tema pendiente.
Los resultados de lo anterior es que los votantes son exactamente los mismos que vivieron en carne propia a los DD.HH. como argumento electoral. Y la permamencia de los mismos en los cargos de elección popular: constancia de temas, estilos y protagonismos.
No digo que la voluntad reformista de la Concertación sea un ejemplo, pero al menos hasta ahora la Alianza al evitar cualquier tipo de modificación en estos puntos, no ha permitido a la Concerta el mostrar sus verdaderos colores.
El fin al uso de los DD.HH. en política está en manos de la Concertación o de la Alianza. Los primeros no tienen ningún incentivo a cambiar nada: les favorece y les seguirá favoreciendo mientras tengamos el mismo electorado y los mismos políticos.
La alianza, en cambio, puede permitir (o mejor, promover) estas reformas, puede realizar una contricción que sea creíble y que le saque el tema de las espaldas.
Mientras eso no ocurra, para buena parte del actual electorado continuará siendo inaceptable entregarle el gobierno al “pinochetismo” o sus sucesores. Continuará siendo políticamente viable mantener la odiosidad y las palabras de Vidal continuarán teniendo enorme y terrible vigencia.
Claramente, el que la actual alianza intente cambiar la situación al comenzar a “hablar” sorbe el tema (como lo ha hecho Piñera), resulta trágicamente insuficiente.