¿Primarias o secundarias?

Marta Lagos Cruz-Coke, Directora de la empresa MORI, dedicada a estudios de mercado y encuestas, nos da su visión acerca de las recientes primarias a las que se sometió la Concertación. No deja de ser interesante que una persona que ha estado ligada con la Concertación, pero que desde 1995 ha declarado su independencia de los partidos y de las cúpulas de la coalición oficialista, sea tan crítica a la hora de analizar las primarias. Su visión es relevante a la hora de analizar la verdadera importancia del ejercicio electoral y de cómo afecta ésto en las elecciones de diciembre. Carta al Director Publicada en el diario La Segunda, el día 6 de abril de 2009.

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En Talca hay 98.944 inscritos, según el Servicio Electoral; en las primarias de la Concertación votaron 8 mil personas, menos del 10 por ciento. En la Región del Maule hay 522.024 inscritos y en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins, 444.522: en total, cerca de un millón de personas. En las primarias de la Concertación votaron, en suma, cerca de 60.000 personas. Una encuesta habría sido más representativa de las preferencias de los electores que este 5% del total del electorado que votó. ¡Incluso, la peor de las encuestas habría sido más representativa!

Poner los datos en el contexto de lo que es el electorado deja de manifiesto lo que las personas piensan de estos comicios. Se trata de una elección en que no había nada que “elegir”, un concurso unilateral, donde un partido intenta hacer un proceso no real, que no convoca a nadie. El candidato radical saca cerca de 20.000 votos y el candidato del PDC, PPD, PS, alrededor de 40.000.

Los electores se convocan en elecciones competitivas donde hay asuntos que están en juego, donde el voto de cada cual cuenta, hace una diferencia y puede significar un cambio en algo para el elector. Este vota para defender, para cambiar, para castigar, para hacer una diferencia. ¿Cuál de esas funciones cumplía el voto de las primarias? No había nada que defender, nada que cambiar, nada que castigar, y ninguna diferencia que hacer. ¿Por qué entonces votar?

Los procesos aparentes debilitan el rol de la política, le quitan legitimidad. Los electores no se pueden usar para satisfacer las necesidades incomprensibles de un sistema de partidos que hace mal su tarea.

El proceso de selección del candidato presidencial de la Concertación de Partidos por la Democracia ha sido tortuoso, improvisado y carente de un rayado de la cancha. Eso afecta más negativamente a la política y a la democracia que a la propia Concertación. No se observaron reglas mínimas, como dejar de hacer propaganda con antelación. Habiendo hecho más de 20 misiones observadoras de elecciones en los países de la ex Unión Soviética, cuando el mundo observaba si éstas eran libres, después de la caída del Muro, puedo decir que una elección deja de ser justa si los candidatos hacen campaña hasta el minuto que entran a votar los electores. Es un elemento que da argumentos para cuestionar los resultados de ayer.

El Partido Radical no ha ganado nada con esta competencia aparente que ha convocado a un insignificante 5% del electorado total. Todo análisis de porcentajes se vuelve espurio al dimensionarlo en el electorado total. No es necesaria ninguna otra consideración.

Las elecciones están hechas para expresar la voluntad de un electorado, ganan las mayorías. Aquí no hay voluntad de un electorado, y tampoco hay mayoría. Seamos claros: lo que hay es un proceso, un ritual, de un conglomerado que no logró resolver su disyuntiva de otra manera.

No se trata de una elección primaria, sino del todo secundaria, cuyos resultados no sirven para sacar ninguna conclusión, salvo que fue un ejercicio fallido. Después de la bajada de Lagos e Insulza, Frei era el candidato de la Concertación. Esta elección muestra que el millón de votantes de las regiones del Maule y O’Higgins así lo creyeron.

Quizá esto sepulte a las primarias como un mecanismo informal y fuerce al sistema político a institucionalizar un sistema de selección de candidatos que sea más legítimo para los electores, a riesgo de que la próxima vez no vaya a votar nadie.

Este ejercicio no logró penetrar a un segmento significativo de la población, por lo cual, salvo la élite y los analistas, a nivel nacional pocos están enterados de lo que ha sucedido. Este proceso, por tanto, no impacta para nada en la elección presidencial, en la medida en que ni siquiera el 95% del electorado de las regiones en cuestión se molestaron en darse cuenta lo suficiente para ir a votar.

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