Flores, el codicioso

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Publicado el 7 de mayo en La Tercera.

En economía se habla de que la mayoría de las personas somos adversas al riesgo. Incluso existen curvas que grafican este comportamiento y que nos dicen que preferimos ganar poco pero seguro a ganar harto, pero incierto. Sin embargo, existe una clase especial de personas, raros en la especie, que sienten que su vida está orientada de otra manera. Son los llamados “amantes del riesgo”. Se trata de aquellos que siempre buscan la posibilidad de obtener mayor ganancia, a costa de tener mayor posibilidad de equivocarse. Fernando Flores pertenece a este grupo.

Si en algún momento se discutió si la codicia era buena o no, a Flores no le importó. Es una persona que se ha movido por la ambición y posee un olfato especial para el tema. Cuando en el mundo no se hablaba de Internet, el senador pontificaba sobre las nuevas tecnologías, marcando pauta hasta el día de hoy en el tema. Cuando la Concertación parecía estar en su apogeo, Flores abandonó el bote junto a Schaulsohn. Hoy en día, hay 5 candidaturas presidenciales de personas provenientes de la Concertación, evidenciando un quiebre que atraviesa lo más profundo de la coalición gobernante. Flores, una vez más, se adelantó a los hechos y arrancó, aparentemente, a tiempo.

Su codicia y olfato produce sentimientos encontrados. Por una parte, es mirado con recelo e incluso con rabia por aquellos que se ven traicionados por el ímpetu del senador. Sus ex compañeros de coalición han sacado a relucir lo peor de su carácter ante lo que han considerado un acto casi inmoral. A toda la Concertación le ha venido un ataque de moralina y han “criminalizado” (en palabras de Enríquez-Ominami) a Flores. Hay otros, sin embargo, que lo miran con una especie de admiración, considerándolo un gurú. Han aplaudido sus vaivenes políticos y científicos, ven en él a una especia de iluminado que lleva la delantera en lo que hace. Muchos incluso lo miran con algo de envidia pues no se sienten preparados para dar los saltos que él sí ha hecho.

Lo que es incontrarrestable es que Flores no le tiene miedo al cambio (de ahí lo apropiado del nombre de su nueva coalición). El otrora ministro de Salvador Allende hoy es un firme partidario de la campaña de Sebastián Piñera. No sólo eso, ha decidido convertirse en vocero de su candidatura (con los riesgos que eso tiene). El problema es que Flores nunca ha comprendido que tiene gente detrás y que es responsable del futuro no sólo de sí mismo, sino que de las organizaciones que ha creado. En eso se parece a Piñera, en que están ambos dispuestos a pasar por encima de las instituciones por sus ambiciones personales.

Fernando Flores ha creado instancias de toda índole (a saber, Fundación Mercator, Atinachile, Chileprimero, etc.) y todas ellas han debido pagar el costo de tener un fundador cambiante y poco generoso con sus creaciones. Hoy en día no sería extraño ver a personas que lo han acompañado en sus aventuras, defraudadas por la poca consistencia del senador. Bastaría preguntarle al diputado Valenzuela acerca de su renuncia a Chileprimero.

Sin duda Flores es un personaje. Su historia política y académica son dignas de observar y analizar. Si lo sumamos a su carencia de habilidades sociales, cómo ha quedado de manifiesto en sus exabruptos televisivos, se convierte en un animal extraño en esta fauna política. Es de esos que le gusta ir delante de la manada, tratando de marcar el camino, aunque nadie lo siga. Habrá que ver si su reciente inclusión al proyecto presidencial de la derecha tiene algo de réditos para el senador o si éste es el primer gran fracaso de su carrera política. Lo que queda claro es que su codicia ha vuelto a actuar y que se ha atrevido a cruzar la frontera ideológica (o el muro de Berlín, como diría el mesiánico Schaulsohn) del sí y el no. En lo que falla Flores es en no comprender que el nuevo panorama político no se gana en pasarse de un lado a otro, sino en lograr romper el eje de división que hemos tenido. Si el senador ha querido dar una señal de reconfiguración del escenario chileno, se ha quedado corto, quizás por primera vez.

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